lunes, 9 de mayo de 2011

Mio

Todo empezó con una palabra, un simple hola de tus labios que me tenían prendada,
luego un café acompaño nuestra charla y repetiste tu nombre del cual no entendía nada,
al yo querer repetirlo me ayudaste una y mil veces y ahí supe que tu destino era justamente ese,
ayudarme y respaldarme estar a mi lado siempre.
Yo quise seguir tu juego a tu ritmo, a tu cadencia, sin embargo en estas cosas nunca he tenido experiencia
y entendí que yo te amaba cuando con simples miradas tu corazón reclamo a gritos el corazón de ella.
Te montaste en tu mustang del ano noventa y ocho, me miraste y prometiste que nos veríamos pronto,
sin embargo, la calle pronto se vistio de tu sangre, y sonríe pues si no eras mio no serias de nadie.

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